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  • La investigación sobre la adopción debe recuperar partes del ciclo vital hasta ahora desatendidas

El Instituto Universitario de la Familia y el Grupo de Investigación Infancia y Familia (AFIN) organizaron en Comillas el taller "Crecer y hacerse mayor como persona adoptada", con la financiación del Ministerio de Economía y Competitividad. El objetivo del encuentro, según Ana Berástegui, investigadora del instituto, es recuperar para la investigación las partes del ciclo vital hasta ahora desatendidas. "Veíamos la adopción como algo de niños", aseguró, "pero es hora de hablar de otras etapas, desde el nacimiento hasta la muerte". Inauguraron el taller el Rector, Julio L. Martínez, SJ, y el Director del instituto, Fernando Vidal. 

 

 

David Brodzinsky, profesor de psicología en la Rutgers University, impartió la conferencia inaugural, a partir de la cual se desarrollarían cada una de las mesas redondas e intervenciones de la jornada. Brodzinsky se propuso situar la adopción en su contexto. Partiendo de una perspectiva histórica y de los cambios que ha vivido la adopción en los últimos 50 años, explicó cómo ha cambiado la identidad de adoptantes y adoptados, la naturaleza de las familias, la apertura con la que se trata el fenómeno e, incluso, la pérdida de muchos de los tradicionales estigmas que rodeaban la adopción. Puso como ejemplo "la adopción en la era de las redes sociales" y cómo las familias adoptantes deben aprender a desenvolverse en un entorno que permite a los hijos hacer averiguaciones sobre sus familias biológicas haciendo una simple búsqueda en Facebook. 

 

El contexto comunitario en el que se insertan las familias es también fundamental. Cada país tiene sus leyes, costumbres y prácticas, que determinarán el desarrollo de la identidad personal y familiar. Es importante que las familias adoptivas entiendan cuáles son sus diferencias y tengan expectativas realistas, afirmó. Brodzinsky identificó dos hitos para las familias adoptantes: hablar abiertamente en comunidad de su situación y hablar con los hijos de sus orígenes. 

 

Centrado en la identidad del sujeto adoptado, el ponente habló de cómo el significado personal de la adopción cambia con el paso del tiempo: "La adopción se entiende de forma distinta en las diferentes edades". La etapa preescolar es, para Brodzinsky, el momento ideal para iniciar a los niños en el proceso, es un tiempo de curiosidad y es bueno que comiencen a familiarizarse con el idioma de la adopción. Hacia los seis años, los niños comienzan a tener una visión un poco más realista de la adopción y con la adolescencia y los cambios físicos comienzan las preguntas ("¿a quién me parezco?"), que estimulan la conexión con los orígenes desconocidos o perdidos. En la adolescencia cobran también importancia las bases legales de la adopción que enfatizan el sentido de permanencia en la familia, si el adolescente no siente que la relación filial es indisoluble y un mal comportamiento, típico de la edad, puede llevarle a pensar que puede ser rechazado. 

 

Brodzinsky también concede importancia a las pérdidas asociadas a la adopción: de los padres y hermanos biológicos, de la familia extensa, de cuidadores no biológicos, trabajadores sociales, terapeutas, etc., y de todos aquellos que pueden ayudar a dar significado a la historia vital. Si estas pérdidas son minimizadas o ignoradas por el entorno, difícilmente se puede apoyar o reconfortan a la persona que las ha sufrido. 

 

A lo largo de la jornada, destacados expertos nacionales e internacionales abordaron temas relacionados con la adopción a lo largo de la vida y, especialmente, en la adolescencia. El apego, las crisis familiares, la raza y la formación de la identidad se fueron tratando también desde distintas perspectivas.

29/08/2012

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